- "I catch a paper boy
But things don't really change
I'm standing in the wind
But I never wave bye-bye
But I try
I try"
- Modern Love, de David Bowie
"El "a medida que" es un recurso lingüístico que la verdad es que suena bien. Muy bien. Condenadamente bien, incluso. Suena culto, refinado, fluído, incluso un tanto prepotente pero de una prepotencia como contenida, modesta, escondida, una prepotencia que se pone límites a sí misma y se niega la posibilidad de realmente desplegarse. Uno dice "a medida que", y hay silencio en la sala. Uno escribe "a medida que", y hay poesía en el lector (no sé si la poesía será algo unidireccional o bidireccional, sinceramente).
Algún día me costaría escribir una historia en "a medida que"s, la verdad. Sería como una catarata. Pero una catarata lenta, suave, como si fuera una catarata de lava que ya está fría pero por algún extraño sortilegio, por alguna extraña propiedad, por alguna extraña interacción, sigue en estado líquido y sigue cayendo, cayendo, desliándose por la ladera, esquivando las rocas, con calma, con lentitud, al estilo de László pero más poético o poético de una forma distinta."
- Lo posible, de Jorge Batalla (Lo que nunca escribió)Veamos.
Lo que hay que buscar es una forma de realizararse*. ¿Lo comprendes? Realizararse. Sí, realizararse. Tú me entiendes, ¿no? Claro que sí, siempre me has entendido. Por algo me enamoré de ti, cómo me habría enamorado de ti si no me entendieras y si yo no te entendiera.Por otro lado, no es inconcebible que no te entienda y no me entiendas. Pero no le demos vueltas otra vez a eso, ¿vale? Ya hemos decidido que la idea de que los seres humanos nunca pueden entenderse es demasiado simple, que la devastación es algo que va mucho más allá, ¿no? ¿No te acuerdas de Houellebecq? El mundo del libre mercado permite la libre proliferación de lo peor, pero también de algunos buenos sentimientos. El amor existe, babe, aunque Houellebecq diría que sólo lo puede sentir la mujer. Claro que Houellebecq es un reaccionario y a nosotros no nos gustan los reaccionarios. Por favor, ven aquí. Por favor, sé la mujer de Vertigo. Démonos fantasmas. Sí, fantasmas. Tú serás la mujer de Vertigo, la única mujer de Vertigo, la mujer que es todas las mujeres de Vertigo, o mejor, la única mujer que aparece en todas las películas de Hitchcock, la que es uno y todos los personajes femeninos de Hitchcock, y yo seré Homero, sí, Homero, el poeta griego, sí, la respuesta comodín, el griego que permite ser todos los griegos, y ser Aquiles y ser Ulises y ser Héctor y ser la Ilíada y ser la Odisea y ser Borges y ser un inmortal y ser, sí, ser, baby, ahora soy Kurt Cobain y estoy deprimido, ahora soy Hitchcock y estoy mórbido, ahora soy Herzog y estoy loco, sí, sí, tú eres todas las mujeres y yo soy todos los hombres, sí, yo lo resumo todo y tú lo resumes todo y nosotros lo resumimos todo, sí, ya no sómos dos, ya no hay separación, la individuación es un asco, fuera la individuación, a olvidarse, a escaparse, a fantasmear, ven aquí, a fatasmear...Siendo sincero, la verdad es que me aburro bastante. O nos aburrimos. No, no nos aburrimos. Ya no hay erotismo, ya no hay fantasma. Oh, qué asco. Otra vez. Lo siento, cariño. Ya sabes que no puedo pararlo. Sí, el ejemplo de Zizek me caló; uno está en plena relación y de repente pam, "¿qué estoy haciendo?", y pum, todo se desmorona, como el título de la novela de aquel nigeriano, ya no recuerdo cómo se llamaba, y tampoco es que la leyera, viva la literatura húngara. Lo siento, esto es aburrido. ¿Podemos hablar de algo? La verdad es que es más divertido hablar que amar. ¿Qué te parece Ciudadano Kane? Algún día seré Kane, ya lo verás, pero yo superaré a todos mis fantasmas y emergeré a algo nuevo, extraño, irreal, algo que nadie ha tocado aún, un mundo donde la realidad no es blanca, no es débil, no es plástica, un mundo donde las cosas son cosas y no lo que es más nosotros, un mundo sin nosotros, sí, el sueño del misántropo, el mundo sin seres humanos, o mejor, el mundo sin cosas, el mundo vacío, fi, conjunto sin propiedades, conjunto sin miembros, sí, ese es el ideal, el mundo vacío, el mundo inexistente, la nada, la nada por encima de todo. Tenemos que destruir, chica, tenemos que destruirlo todo hasta que todo sea nada y nada sea todo y todo contenga nada y nada más que nada (y nada contenga todo). Oh yo y mis delirios. Ven aquí. Quiero fantasmear. Quiero ser Kane. Ven aquí.*
¡La destrucción es la verdad! ¡La destrucción es la inverdad! ¡La destrucción es la averdad! ¡Viva la misantropía! ¡Viva el terrorismo! ¡Viva la destrucción vacía, fría, invernal, húngara, la destrucción sin significado, la destrucción por la destrucción, la destrucción como la búsqueda de la ausencia! ¡Y viva la ausencia! ¡Y abajo la presencia! ¡Viva la ausencia y abajo la presencia! ¡VIVA!*
Ya, pero qué es el espacio.
Yo soy en el espacio, tú eres en el espacio. Somos cuerpos y ocupamos espacio, pero eso no es espacio porque el espacio también somos nosotros, ¿no? El espacio está y nosotros somos de y en espacio. Y al unirnos, ¿qué pasa? Pues que juntamos espacios. Es así de simple. Ni muerte ni gilipolleces. El espacio es el centro de todo. Viva el espacio. Viva la destrucción del espacio. Al juntarnos, pasamos a ocupar un único espacio y no dos. Seguimos siendo dos seres, pero es como si nos fundiéramos en uno. Como si volviéramos a la inmanencia. Al ser como una gota de agua en un río. Al ser no-separado. Al ser aseparado, al ser para el que la separación nisiquiera tiene sentido. Al ser-ser, al ser que está y hay. Sí. Eso somos. El ser aseparado. El andrógino. Ven, ven, ven, quiero ser Bataille, ven, quiero ser el lobo de Bataille, el rito de Bataille, el sacrificio de Bataille, quiero dejar el orden de lo útil y volver a la inmanencia, quiero la violencia, ven, quiero la violencia...*
*Digo realizararse porque quiero mezclar "realizar" y "realizarse". Mis más sinceras disculpas a James Joyce.
*2: Aquí uso conceptos de la lógica de primer orden y de teoría de conjuntos. El todo es algo así como el x con cuantificador universal, y el conjunto vacío es el conjunto que no contiene ningún elemento. Para más información, http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%B3gica_de_primer_orden y http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_de_conjuntos (aunque, por otro lado, nada de fiarse de la wikipedia, y menos aún para estas cosas, ni se os ocurra abrir esos enlaces).
*3: Francisco Franco y Bahamonde (1892-1975) nunca usó esta consigna. Además era un tonto y un facha. El color blanco es lo que está vacío.
*4: Bataille, Bataille, perdón, Bataille, perdón, lo siento, Bataille, perdón, perdón, lo siento, Bataille, perdón, por favor, perdón, Bataille, perdón, Bataille, perdón, perdón, Bataille, Bataille, perdón, lo siento, perdón, Bataille, Bataille, Bataille, Bataille sé ella, sé ella, Bataille, quiero acostarme contigo Bataille, y con ella, quiero acostarme con Charles Foster Kane y con Krasznahorkai y con Azorín e incluso con Franco, Bataille, tenías razón, es la muerte, la violencia, quiero que me separen a la fuerza de mí, Bataille, quiero que mi espacio sea todos los espacios, quiero resumir en unas líneas todas las líneas, quiero que unas figuras sean todas las figuras, no puede haber individuo, no puede, es horroroso, el individuo es asqueroso, abyecto, horrible, Bataille, Bataille, sé dios y mata el individuo, Bataille, mata la utilidad, Bataille, Bataille, Bataille...
martes, 11 de junio de 2013
Amour
ÉL: Un coche en llamas que sigue funcionando.
ELLA: Un libro al que le han arrancado páginas y que debe ser reinterpretado.
ÉL: Un árbol derribado por un trueno.
ELLA: El manuscrito de On the road.
ÉL: La relación entre Platón y Aristóteles.
ELLA: El dinero encontrado bajo un sofá.
ÉL: La paradoja del mentiroso.
ELLA: Un móvil quedándose sin batería.
ÉL: No me quedan imágenes.
ELLA: A mí tampoco.
ÉL: Entonces, ¿qué hacemos?
ELLA: Supongo que no podemos seguir.
ÉL: Pero aún nos quedan palabras.
ELLA: Es ridículo vivir en las palabras. La literatura es estúpida.
ÉL: Pero nuestras imágenes provienen de la literatura.
ELLA: Cierto. Pero las palabras no son las imágenes que crean.
ÉL: He de darte la razón.
ELLA: También podemos crear imágenes nuevas.
ÉL: Imágenes propias, subordinadas a nuestra memoria poética.
ELLA: Imágenes no repetidas, instantes cualesquiera en los que no entren la palabra ni su insidiosa ansia de significado.
ÉL y ELLA: Un diccionario.
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ÉL
Hm...No sabría qué decirle. No, definitivamente no. No, no creo que la vaya a querer para siempre, no. Quiero decir...Tampoco pienso que ella me vaya a querer para siempre. Es decir, es absurdo, ¿no? Quiero decir, esperar que algo dure para siempre. Sobre todo teniendo en cuenta que ella y yo somos personas bastante veleidosas. Quiero decir, no sólo somos veleidosos, sino que somos occidentales, ¿no? Houellebecq afirma en Plataforma que los occidentales somos ahora mismo incapaces de amar y, aunque creo que exagera mucho, no creo que se le pueda negar una parte de razón. Es decir...No sé. A veces me fijo, así de repente, y me sorprende mucho la cantidad de narcisismo que hay en nuestra relación. Es decir...La relación ideal crea un círculo, ¿no? Ese círculo es la suma de ambos miembros y de todo lo que haga falta, ya me entiende. Y bueno, ese círculo se completa a sí mismo, ¿no? Quiero decir, no, es obvio que se necesita de ciertas condiciones materiales y de ciertos contextos y todo eso, pero, de por sí, lo fascinante de un círculo es que está cerrado sobre sí mismo, y nada puede entrar ni salir, ¿no? O al menos eso es lo que creo yo, disculpe que me ponga tan literario, es una costumbre que no consigo matar. Y...Bueno, no sé, cuando me fijo me parece que no formamos un círculo. Formamos un polígono muy extraño, con vértices y ángulos y esquinas y ramas y longitudes y qué sé yo. Es un algo muy confuso. No, no, no se equivoque, el que la relación sea abierta no tiene nada que ver; es simplemente cosa de nuestras actitudes. ¿Cómo explicárselo...? Hm...Mire, diga lo que diga va a sonar estúpido, así que no sé si hablar. No no no no, en serio, no quiere oírlo. Son palabras estúpidas y literaturas estúpidas y simplificaciones estúpidas. ...Bueno, sí, tiene usted razón. Sí, sí, no se lo niego. Bueno. Bueno, vale, pero sólo si no sale de aquí, ¿vale?
Creo que no tenemos auténtico contacto el uno con el otro sino a través de los filtros que retroactivamente nos imponemos. Filtros de comportamiento, de palabras permitidas, de imágenes aceptables, de gestos posibles. Filtros de placer e intelectualismo y apartarse y cultivado y literatura y cine y pintura y qué sé yo. Houellebecq afirma bastante la importancia de la sexualidad en el mundo contemporáneo, pero yo diría que no es sólo eso. Yo creo que la sexualidad está subordinada. Bueno, eso ya lo afirma él al afirmarla como objeto de lujo narcisista, pero yo llegaría más lejos. No creo que estemos en una sociedad sexual, sino en una sociedad estética. No en una cultura de la imagen, nisiquiera de tópico como afirmaba Deleuze, sino en una cultura de lo bello. De lo artístico. Por supuesto, visto desde muy distintas formas, pero creo que esa es una idea esencial para comprender muchos fenómenos actuales. No sé, ya no estoy seguro. Ve, me obliga a decir tonterías y luego no sé cómo seguirlas ni justificarlas...No sé. Es sólo que me parece que la gente busca lo bello, lo placentero, lo que se ajusta a ciertos modelos, lo que es novela, lo que es pintura, lo que es cine, lo que es aventura. Una vez ves a parejas ponerse a cantar espontáneamente canciones de Pierrot le fou lo has visto todo. Y oh, la pasión racionalizadora. El apasionamiento intelectual. Mire, no le mentiré: Creo que los intelectuales y los pseudointelectuales somos los peores. Los más asquerosos. Lo más sucios. Los más grotescos. Los más insinceros. Falsos, hipócritas, analíticos, conceptuales. No creo que haya amor entre intelectuales a menos que sea amor entre intelectuales que fingen no serlo. Un intelectual es una criatura narcisista y esteticista, aún más que un hombre de la calle. Una criatura incapaz de sentir fuera de sus propios conceptos e imágenes y palabras de sentimiento. Un ser controlador aún cuando afirma la imposibilidad de controlar. Bueno, por supuesto, estoy generalizando. Supongo que estoy pensando en mí mismo ahora, ¿no? El amor es algo estético en lo positivo y lo negativo, una cierta intensidad, una cierta poesía, un algo que acompaña a partir de su aparición a todos nuestros actos y pensamientos y sensaciones y que los llena, que les da un sentido, que los noveliza. Lo peor, la máxima tragedia del amor, es que se pueda hablar de él desde el arte. Porque el arte es un mentiroso. Porque el arte falsifica, vomita, eyacula, embellece y afea y maquilla y desmaquilla y se derrama el vino y se aplastan uvas y hay ferias y freaks y confusion hath fuck his masterpiece. El arte existe, y como tal es una de las grandes bases de nuestra cultura, de nuestra semiótica, de nuestros signos, de nuestra forma de comprender y sentir y asimilar; y, mientras exista el arte, no existirá el amor. Esa es, a grandes rasgos, mi teoría. Con la que la verdad es que ya no estoy de acuerdo...Le dije que era una tontería simplificadora. Por favor, dejémoslo ya.
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DEFINICIONES DEL AMOR: IMÁGENES (Falsas falsas falsas falsas falsas falsas)
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh15CQ6W18GdHViOdM2CccA-BgDw91jGqMEhOM31cuhSPpXm8bjWhCPdVFiTBGDITV_EpmTiTZPwufMbp1mWQylt36SeOhJFdDNs0Exf8QSgqgFh5YCqleEDnARKen6bHJ3dbCDmBKONlWT/s1600/Night.jpg (Night of the hunter)
http://a4.idata.over-blog.com/342x257/3/20/70/51/Auteur-Oeuvre/Alphaville/La-main-de-Natacha-parcourant-le-visage-de-Lemmy-Caution.jpg (Alphaville)
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjTo3eKLvbyjfC-HTLHPnPAawfOMG835PNNu1kY_1TZ8v0E9FMgOrJ5EQXk51ZSsYCFhxqYfCRGuRulZeGRzqH6QtnWBqvJBgeFOYqscWHIEtrdsz-PuLpxmYfwL_eclWcxbNuuyULTRCio/s1600/inlandempire2.jpg (Inland Empire)
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg_6e_v88hP5_ah1ZPpsnmkJgJbjrWfkiFVthlItm9X_ggztFQNxBarVgvTTLL5xhyphenhypheni1M47TkYuc82gehKO0ZjBFFjgrzlXvGo-O2s_oLvu_Br0D5YjLI09XfVu3peDHaemr7QyV0xASMg/s400/scarlett-johansson-cosmo-01.jpg (Portada de un ejemplar de la revista Cosmopolitan)
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ELLA
Mais regard ma petit line de chance. La cima del ridículo, evolucionado hasta convertirse en la cima del amor.
La cabeza de Lynch. El cine de Godard. No sé, el amor es muy complicado. Es fácil simplificarlo e igualar amor y melodrama, muy fácil, y a lo mejor es cierto. Pero no me convence. No me convence.
En el fondo creo que el amor es una broma. No en el sentido trágico del término, sino en el sentido puramente cómico. Una broma, algo sin ninguna importancia., una irrelevancia, una mata de polvo. Y, como con todo buen humor. nada existe más angustioso que esa broma. Nada más doloroso. Nada más oscuro. Nada más revelador. En cuanto que quizás no exista, el amor revela los aspectos más negativos y fascinantes de la realidad, esos de los que escribía Sade y hacía a veces películas Buñuel. Esos aspectos que están ocultos al conformismo y al inconformismo por igual. Esos aspectos que ni los defensores del status quo ni los antisistema más empedernidos son capaces de captar. Porque en el fondo son lo mismo. La misma cara de la misma moneda. Porque lo que observa cada uno es exactamente lo mismo, y no son opuestos ni positivo y negativo ni deseo de mantener y deseo de cambio; son el mismo ser presentado de distintas formas. Y punto. Y estoy divagando, puede usted detenerme cuando sea así.
El amor...No, no es un método de conocimiento. No me tome a mal. Creo que Salinas, aunque respeto enormemente su capacidad intelectual, era una persona muy cursi. No, no. El amor, en cuanto que es una forma de humor, revela aspectos que hasta la broma se nos habían mantenido escondidos. Aspectos que forman parte pero que no nos damos cuenta de que forman parte. ¿Me etniende? El amor no es más que una forma de desvelar.
Una especie de despertar, supongo. Y, como todo despertar, resulta increíblemente ridículo. ¿No cree? No hay nada más amoroso que la cursilada más estúpida y carente de sentido; ni toda la inteligencia de Pedro Salinas, ni toda la psicología de Freud, ni toda la oscuridad de Sade han sido mejor capaces de captar la esencia del erotismo que la mayor ridiculez que pueda salir de la boca de una pareja apastelada. Oh, el erotismo, la ligera opresión, la tensión que hay presente en todas esas palabras llenas de azúcar y chocolate y fresas y nata y terciopelo. Es fascinante, fascinante. A veces le dio cursiladas a mi pareja sólo para embriagarme. Es como, como si me emborrachara o tomara la peor droga.
¿Para siempre? No, no, no lo creo. Quiero decir, llevamos ya un tiempo, pero ambos somos muy veleidosos. Y ambos somos muy contemporáneos, muy posmodernos, aunque nosotros mismos lo neguemos. Nos aceptamos y nos conocemos demasiado bien como para que esto dure de verdad. Y oh, no somos ridículos. Nosotros los intelectuales tenemos un absurdo miedo al ridículo. Por supuesto que a veces somos ridículos, sobre todo los que estamos en la fase pseudo, o quizás siempre lo seamos en todas nuestras palabras y actitudes y conceptos y tonterías, pero tenemos miedo a cierta forma de ridículo. Supongo que todavía nos queda un poco de esa imbécil concepción de élite. Ah, no me tome a mal. No soy anti-intelectual. No considero que haya élites y torres de marfil y cosas así. Creo que estamos conectados al mundo y a la realidad y a todos los demás, pero que muchas veces desearíamos no estarlo. Como cualquier persona normal, sólo que nosotros tenemos otros medios para escondernos. ¿No ha escuchado nunca con atención la canción de los Beatles Nowhere man? Es un ejemplo perfecto, perfecto, el más perfecto que existe.
Y bueno. Como no queremos ser ridículos, ¿cómo podríamos durar? Nos podemos amar y podemos demostrarlo y podemos abrazarnos y besarnos y pensar y decirnos palabras bonitas, pero no podemos durar. No señor. Es pura teoría del caos: Al formar un sistema cerrado, el caos de este sistema irá aumentando y aumentando. No hay nada que se pueda hacer. Bueno, se puede combatir, pero, en última instancia, se fracasa. Es una constante, tan absoluta como la de Einstein. Ah, ya sé que sueno un poco pesimista, ¡pero estamos en la sociedad del mejor mundo posible! Y el amor como tal sólo existe en el peor mundo posible. ¿Me entiende? Ya sé que me explico muy mal y a veces nisiquiera él consigue seguirme, sobre todo porque muchas veces no quiero decir lo que digo, pero supongo que más o menos me entiende. Me alegro, me alegro.
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DEFINICIÓN DEL AMOR: PALABRAS (Falsas falsas falsas falsas falsas falsas falsas)
"Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección."
- Antoine de Saint-Exupery
"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única."
- Jorge Luis Borges
"En una sala porno, jubilados jadeantes
Contemplaban, escépticos,
Los brincos mal filmados de parejas lascivas;
Sin ningún argumento.
He aquí, yo me decía, el rostro del amor,
El auténtico rostro."
- Michel Houellebecq (Del poema El amor, el amor)
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ELLA: Un libro al que le han arrancado páginas y que debe ser reinterpretado.
ÉL: Un árbol derribado por un trueno.
ELLA: El manuscrito de On the road.
ÉL: La relación entre Platón y Aristóteles.
ELLA: El dinero encontrado bajo un sofá.
ÉL: La paradoja del mentiroso.
ELLA: Un móvil quedándose sin batería.
ÉL: No me quedan imágenes.
ELLA: A mí tampoco.
ÉL: Entonces, ¿qué hacemos?
ELLA: Supongo que no podemos seguir.
ÉL: Pero aún nos quedan palabras.
ELLA: Es ridículo vivir en las palabras. La literatura es estúpida.
ÉL: Pero nuestras imágenes provienen de la literatura.
ELLA: Cierto. Pero las palabras no son las imágenes que crean.
ÉL: He de darte la razón.
ELLA: También podemos crear imágenes nuevas.
ÉL: Imágenes propias, subordinadas a nuestra memoria poética.
ELLA: Imágenes no repetidas, instantes cualesquiera en los que no entren la palabra ni su insidiosa ansia de significado.
ÉL y ELLA: Un diccionario.
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ÉL
Hm...No sabría qué decirle. No, definitivamente no. No, no creo que la vaya a querer para siempre, no. Quiero decir...Tampoco pienso que ella me vaya a querer para siempre. Es decir, es absurdo, ¿no? Quiero decir, esperar que algo dure para siempre. Sobre todo teniendo en cuenta que ella y yo somos personas bastante veleidosas. Quiero decir, no sólo somos veleidosos, sino que somos occidentales, ¿no? Houellebecq afirma en Plataforma que los occidentales somos ahora mismo incapaces de amar y, aunque creo que exagera mucho, no creo que se le pueda negar una parte de razón. Es decir...No sé. A veces me fijo, así de repente, y me sorprende mucho la cantidad de narcisismo que hay en nuestra relación. Es decir...La relación ideal crea un círculo, ¿no? Ese círculo es la suma de ambos miembros y de todo lo que haga falta, ya me entiende. Y bueno, ese círculo se completa a sí mismo, ¿no? Quiero decir, no, es obvio que se necesita de ciertas condiciones materiales y de ciertos contextos y todo eso, pero, de por sí, lo fascinante de un círculo es que está cerrado sobre sí mismo, y nada puede entrar ni salir, ¿no? O al menos eso es lo que creo yo, disculpe que me ponga tan literario, es una costumbre que no consigo matar. Y...Bueno, no sé, cuando me fijo me parece que no formamos un círculo. Formamos un polígono muy extraño, con vértices y ángulos y esquinas y ramas y longitudes y qué sé yo. Es un algo muy confuso. No, no, no se equivoque, el que la relación sea abierta no tiene nada que ver; es simplemente cosa de nuestras actitudes. ¿Cómo explicárselo...? Hm...Mire, diga lo que diga va a sonar estúpido, así que no sé si hablar. No no no no, en serio, no quiere oírlo. Son palabras estúpidas y literaturas estúpidas y simplificaciones estúpidas. ...Bueno, sí, tiene usted razón. Sí, sí, no se lo niego. Bueno. Bueno, vale, pero sólo si no sale de aquí, ¿vale?
Creo que no tenemos auténtico contacto el uno con el otro sino a través de los filtros que retroactivamente nos imponemos. Filtros de comportamiento, de palabras permitidas, de imágenes aceptables, de gestos posibles. Filtros de placer e intelectualismo y apartarse y cultivado y literatura y cine y pintura y qué sé yo. Houellebecq afirma bastante la importancia de la sexualidad en el mundo contemporáneo, pero yo diría que no es sólo eso. Yo creo que la sexualidad está subordinada. Bueno, eso ya lo afirma él al afirmarla como objeto de lujo narcisista, pero yo llegaría más lejos. No creo que estemos en una sociedad sexual, sino en una sociedad estética. No en una cultura de la imagen, nisiquiera de tópico como afirmaba Deleuze, sino en una cultura de lo bello. De lo artístico. Por supuesto, visto desde muy distintas formas, pero creo que esa es una idea esencial para comprender muchos fenómenos actuales. No sé, ya no estoy seguro. Ve, me obliga a decir tonterías y luego no sé cómo seguirlas ni justificarlas...No sé. Es sólo que me parece que la gente busca lo bello, lo placentero, lo que se ajusta a ciertos modelos, lo que es novela, lo que es pintura, lo que es cine, lo que es aventura. Una vez ves a parejas ponerse a cantar espontáneamente canciones de Pierrot le fou lo has visto todo. Y oh, la pasión racionalizadora. El apasionamiento intelectual. Mire, no le mentiré: Creo que los intelectuales y los pseudointelectuales somos los peores. Los más asquerosos. Lo más sucios. Los más grotescos. Los más insinceros. Falsos, hipócritas, analíticos, conceptuales. No creo que haya amor entre intelectuales a menos que sea amor entre intelectuales que fingen no serlo. Un intelectual es una criatura narcisista y esteticista, aún más que un hombre de la calle. Una criatura incapaz de sentir fuera de sus propios conceptos e imágenes y palabras de sentimiento. Un ser controlador aún cuando afirma la imposibilidad de controlar. Bueno, por supuesto, estoy generalizando. Supongo que estoy pensando en mí mismo ahora, ¿no? El amor es algo estético en lo positivo y lo negativo, una cierta intensidad, una cierta poesía, un algo que acompaña a partir de su aparición a todos nuestros actos y pensamientos y sensaciones y que los llena, que les da un sentido, que los noveliza. Lo peor, la máxima tragedia del amor, es que se pueda hablar de él desde el arte. Porque el arte es un mentiroso. Porque el arte falsifica, vomita, eyacula, embellece y afea y maquilla y desmaquilla y se derrama el vino y se aplastan uvas y hay ferias y freaks y confusion hath fuck his masterpiece. El arte existe, y como tal es una de las grandes bases de nuestra cultura, de nuestra semiótica, de nuestros signos, de nuestra forma de comprender y sentir y asimilar; y, mientras exista el arte, no existirá el amor. Esa es, a grandes rasgos, mi teoría. Con la que la verdad es que ya no estoy de acuerdo...Le dije que era una tontería simplificadora. Por favor, dejémoslo ya.
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DEFINICIONES DEL AMOR: IMÁGENES (Falsas falsas falsas falsas falsas falsas)
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http://a4.idata.over-blog.com/342x257/3/20/70/51/Auteur-Oeuvre/Alphaville/La-main-de-Natacha-parcourant-le-visage-de-Lemmy-Caution.jpg (Alphaville)
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ELLA
Mais regard ma petit line de chance. La cima del ridículo, evolucionado hasta convertirse en la cima del amor.
La cabeza de Lynch. El cine de Godard. No sé, el amor es muy complicado. Es fácil simplificarlo e igualar amor y melodrama, muy fácil, y a lo mejor es cierto. Pero no me convence. No me convence.
En el fondo creo que el amor es una broma. No en el sentido trágico del término, sino en el sentido puramente cómico. Una broma, algo sin ninguna importancia., una irrelevancia, una mata de polvo. Y, como con todo buen humor. nada existe más angustioso que esa broma. Nada más doloroso. Nada más oscuro. Nada más revelador. En cuanto que quizás no exista, el amor revela los aspectos más negativos y fascinantes de la realidad, esos de los que escribía Sade y hacía a veces películas Buñuel. Esos aspectos que están ocultos al conformismo y al inconformismo por igual. Esos aspectos que ni los defensores del status quo ni los antisistema más empedernidos son capaces de captar. Porque en el fondo son lo mismo. La misma cara de la misma moneda. Porque lo que observa cada uno es exactamente lo mismo, y no son opuestos ni positivo y negativo ni deseo de mantener y deseo de cambio; son el mismo ser presentado de distintas formas. Y punto. Y estoy divagando, puede usted detenerme cuando sea así.
El amor...No, no es un método de conocimiento. No me tome a mal. Creo que Salinas, aunque respeto enormemente su capacidad intelectual, era una persona muy cursi. No, no. El amor, en cuanto que es una forma de humor, revela aspectos que hasta la broma se nos habían mantenido escondidos. Aspectos que forman parte pero que no nos damos cuenta de que forman parte. ¿Me etniende? El amor no es más que una forma de desvelar.
Una especie de despertar, supongo. Y, como todo despertar, resulta increíblemente ridículo. ¿No cree? No hay nada más amoroso que la cursilada más estúpida y carente de sentido; ni toda la inteligencia de Pedro Salinas, ni toda la psicología de Freud, ni toda la oscuridad de Sade han sido mejor capaces de captar la esencia del erotismo que la mayor ridiculez que pueda salir de la boca de una pareja apastelada. Oh, el erotismo, la ligera opresión, la tensión que hay presente en todas esas palabras llenas de azúcar y chocolate y fresas y nata y terciopelo. Es fascinante, fascinante. A veces le dio cursiladas a mi pareja sólo para embriagarme. Es como, como si me emborrachara o tomara la peor droga.
¿Para siempre? No, no, no lo creo. Quiero decir, llevamos ya un tiempo, pero ambos somos muy veleidosos. Y ambos somos muy contemporáneos, muy posmodernos, aunque nosotros mismos lo neguemos. Nos aceptamos y nos conocemos demasiado bien como para que esto dure de verdad. Y oh, no somos ridículos. Nosotros los intelectuales tenemos un absurdo miedo al ridículo. Por supuesto que a veces somos ridículos, sobre todo los que estamos en la fase pseudo, o quizás siempre lo seamos en todas nuestras palabras y actitudes y conceptos y tonterías, pero tenemos miedo a cierta forma de ridículo. Supongo que todavía nos queda un poco de esa imbécil concepción de élite. Ah, no me tome a mal. No soy anti-intelectual. No considero que haya élites y torres de marfil y cosas así. Creo que estamos conectados al mundo y a la realidad y a todos los demás, pero que muchas veces desearíamos no estarlo. Como cualquier persona normal, sólo que nosotros tenemos otros medios para escondernos. ¿No ha escuchado nunca con atención la canción de los Beatles Nowhere man? Es un ejemplo perfecto, perfecto, el más perfecto que existe.
Y bueno. Como no queremos ser ridículos, ¿cómo podríamos durar? Nos podemos amar y podemos demostrarlo y podemos abrazarnos y besarnos y pensar y decirnos palabras bonitas, pero no podemos durar. No señor. Es pura teoría del caos: Al formar un sistema cerrado, el caos de este sistema irá aumentando y aumentando. No hay nada que se pueda hacer. Bueno, se puede combatir, pero, en última instancia, se fracasa. Es una constante, tan absoluta como la de Einstein. Ah, ya sé que sueno un poco pesimista, ¡pero estamos en la sociedad del mejor mundo posible! Y el amor como tal sólo existe en el peor mundo posible. ¿Me entiende? Ya sé que me explico muy mal y a veces nisiquiera él consigue seguirme, sobre todo porque muchas veces no quiero decir lo que digo, pero supongo que más o menos me entiende. Me alegro, me alegro.
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DEFINICIÓN DEL AMOR: PALABRAS (Falsas falsas falsas falsas falsas falsas falsas)
"Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección."
- Antoine de Saint-Exupery
"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única."
- Jorge Luis Borges
"En una sala porno, jubilados jadeantes
Contemplaban, escépticos,
Los brincos mal filmados de parejas lascivas;
Sin ningún argumento.
He aquí, yo me decía, el rostro del amor,
El auténtico rostro."
- Michel Houellebecq (Del poema El amor, el amor)
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De lobishome a sacaúntos.
"Ello funciona en todas partes, bien sin parar, bien discontínuo. Ello
respira, ello se calienta, ello come. Ello caga, ello besa. Qué error
haber dicho el ello. En todas partes máquinas, y no metafóricamente:
máquinas de máquinas, con sus acoplamientos, sus conexiones. Una
máquina-órgano empalma con una máquina-fuente: una de ellas emite un
flujo que la otra corta. El seno es una máquina que produce leche, y la
boca, una máquina acoplada a aquella. La boca del anoréxico vacila entre
una máquina de comer, una máquina anal, una máquina de hablar, una
máquina de respirar (crisis de asma). De este modo, todos ; cada cual
sus pequeñas máquinas. Una máquina-órgano para una máquina-energía,
siempre flujos y cortes. [...] En todas partes, máquinas productoras o
deseantes, las máquinas esquizofrénicas, toda la vida genérica: yo y
no-yo, exterior e interior ya no quieren decir nada."
- El Anti-Edipo, de Gilles Deleuze y Felix Guattari.
Sacúdete un poco...Mira a la derecha...Mírate a los pies...Haz que crezcan, que crezcan hasta ocupar parte del suelo y así saber si no hay nadie. Haz que crezcan. Haz que vuelvan a su tamaño normal...Estás solo...
Camina, muévete, no temas, muévete, tardarás en deshacerte, la piel se regenerará al principio, al comienzo, los primeros minutos, las primeras horas, los primeros días. No temas el humo. El humo no te hará daño. Cuando lo aspires te estarás aspirando a ti mismo así que tu cuerpo te recuperará y te usará para regenerarse y así durarás más tiempo. Aspira cuanto puedas.
No temas a la punta. Si se acercan, tienes que mostrarles la punta. Afila, aprende a cortar. Sé como el telón en un escenario. Rápido, pero predecible. No lo hagas si no es necesario, tan sólo si se acercan o si aspiran el humo, pues si aspiran el humo entonces te habrán aspirado y ahora serán parte de ti y por tanto no sólo será lícito sino hasta obligatorio cerrarlos y luego devorarlos.
No permitas que la corrupción se extienda. Tú y sólo tú debes ser la suma de toda la enfermedad del mundo. Es tuyo. Propio. Te pertenece. Nadie puede quitártelo. Nadie debe quitártelo. La corrupción no se extiende, sino que elimina hasta que sólo queda ella.
Te es lícito también cerrar cuando tengas hambre. Pues si tienes hambre es que tu cuerpo ya no se va a regenerar más, y entonces debes acelerar su descomposición, y para acelerarla debes ponerlo en contacto con tantos cuerpos sanos como sea posible. En esta fase cualquier contacto sexual o afectivo es imposible, así que la única opción restante es la violenta. Además, la sexualidad o la amistad son sólo modos imperfectos de digestión.
No temas acechar. En caso de ser visto, te atacarán, y pondrán fin a tu descomposición. Esto no debe ser permitido. Para acelerar al máximo el proceso de descomposición, debes exponerte a riesgo única y exclusivamente para saciar tu hambre (Es decir, para acelerarlo), y siempre al mínimo riesgo posible.
Con el tiempo, empezarás a rezumar alquitrán, a exudar polvo de talco, a expirar gas mostaza, a escupir sangre menstrual. Esto es bueno: Significa que el proceso está llegando a su fin. En poco tiempo la descomposición se habrá terminado, y tu propósito se habrá acabado.
Antes de que se acabe, cuando de ti solo quede una masa viscosa de alquitrán sanguinolento, debes depredar a una última persona. Esta parte es difícil, pues habrás perdido casi toda facultad corporal; deberás tratar de atraparlo mediante trampas, gelatina, viscosidad, recovecos boscosos.
Una vez atrapado, debes introducirte en él. Aprovecha para ello cualquier orificio; el oral, el nasal, el auditivo, el anal. Ten paciencia; tardarás un rato, pero no debería haber resistencia, pues a estas alturas tu víctima ya debería estar muerta.
Una vez dentro, permítete un segundo de relajación antes de explotar.
Por supuesto, no debes explotar de forma literal. Dentro de tu víctima debes dejar todo aquello que te queda de compuesto; después, convertido en una masa desmasada, en un cuerpo sin cuerpo, en un odio sin objeto, en un rencor sin sujeto, en un mal sin esencia, en una corrupción sin corrupto. Debes dejar todo aquello que es, y ser todo lo que queda.
Sal del cuerpo. Expándete. Prueba. Gírate. Muévete. Obsérvate. Eres un total que no ocupa un todo. Un infinito con fronteras. Una muestra.
En un arranque de júbilo, en un estado de frenetismo y alegría que ningún ser puede experimentar, expándete.
Sé el odio universal. Sé la descomposición sin componer. Sé el mal sin palabra.
Sé feliz.
- El Anti-Edipo, de Gilles Deleuze y Felix Guattari.
Sacúdete un poco...Mira a la derecha...Mírate a los pies...Haz que crezcan, que crezcan hasta ocupar parte del suelo y así saber si no hay nadie. Haz que crezcan. Haz que vuelvan a su tamaño normal...Estás solo...
Camina, muévete, no temas, muévete, tardarás en deshacerte, la piel se regenerará al principio, al comienzo, los primeros minutos, las primeras horas, los primeros días. No temas el humo. El humo no te hará daño. Cuando lo aspires te estarás aspirando a ti mismo así que tu cuerpo te recuperará y te usará para regenerarse y así durarás más tiempo. Aspira cuanto puedas.
No temas a la punta. Si se acercan, tienes que mostrarles la punta. Afila, aprende a cortar. Sé como el telón en un escenario. Rápido, pero predecible. No lo hagas si no es necesario, tan sólo si se acercan o si aspiran el humo, pues si aspiran el humo entonces te habrán aspirado y ahora serán parte de ti y por tanto no sólo será lícito sino hasta obligatorio cerrarlos y luego devorarlos.
No permitas que la corrupción se extienda. Tú y sólo tú debes ser la suma de toda la enfermedad del mundo. Es tuyo. Propio. Te pertenece. Nadie puede quitártelo. Nadie debe quitártelo. La corrupción no se extiende, sino que elimina hasta que sólo queda ella.
Te es lícito también cerrar cuando tengas hambre. Pues si tienes hambre es que tu cuerpo ya no se va a regenerar más, y entonces debes acelerar su descomposición, y para acelerarla debes ponerlo en contacto con tantos cuerpos sanos como sea posible. En esta fase cualquier contacto sexual o afectivo es imposible, así que la única opción restante es la violenta. Además, la sexualidad o la amistad son sólo modos imperfectos de digestión.
No temas acechar. En caso de ser visto, te atacarán, y pondrán fin a tu descomposición. Esto no debe ser permitido. Para acelerar al máximo el proceso de descomposición, debes exponerte a riesgo única y exclusivamente para saciar tu hambre (Es decir, para acelerarlo), y siempre al mínimo riesgo posible.
Con el tiempo, empezarás a rezumar alquitrán, a exudar polvo de talco, a expirar gas mostaza, a escupir sangre menstrual. Esto es bueno: Significa que el proceso está llegando a su fin. En poco tiempo la descomposición se habrá terminado, y tu propósito se habrá acabado.
Antes de que se acabe, cuando de ti solo quede una masa viscosa de alquitrán sanguinolento, debes depredar a una última persona. Esta parte es difícil, pues habrás perdido casi toda facultad corporal; deberás tratar de atraparlo mediante trampas, gelatina, viscosidad, recovecos boscosos.
Una vez atrapado, debes introducirte en él. Aprovecha para ello cualquier orificio; el oral, el nasal, el auditivo, el anal. Ten paciencia; tardarás un rato, pero no debería haber resistencia, pues a estas alturas tu víctima ya debería estar muerta.
Una vez dentro, permítete un segundo de relajación antes de explotar.
Por supuesto, no debes explotar de forma literal. Dentro de tu víctima debes dejar todo aquello que te queda de compuesto; después, convertido en una masa desmasada, en un cuerpo sin cuerpo, en un odio sin objeto, en un rencor sin sujeto, en un mal sin esencia, en una corrupción sin corrupto. Debes dejar todo aquello que es, y ser todo lo que queda.
Sal del cuerpo. Expándete. Prueba. Gírate. Muévete. Obsérvate. Eres un total que no ocupa un todo. Un infinito con fronteras. Una muestra.
En un arranque de júbilo, en un estado de frenetismo y alegría que ningún ser puede experimentar, expándete.
Sé el odio universal. Sé la descomposición sin componer. Sé el mal sin palabra.
Sé feliz.
Emperador.
Ya has agotado todas tus posibilidades.
Si ahora te movieras, nada más se movería. Y si nada más se mueve, no te moverías. El movimiento inmóvil es delicioso, es trágico, es elevado, es metafísico, es dinámico, es cinético, es religioso, es ritual, es romántico, pero ahora lo que necesitas es utilidad. Y en el movimiento inmóvil no hay utilidad.
Pero sabías en qué te estabas metiendo. Lo que estás sufriendo no es más que el destino de todo emperador. Tu propia decadencia vuelta hacia ti. Tu propia soledad vuelta hacia ti. Tu propia muerte vuelta hacia ti. Has vivido durante años entre cúpulas, entre estatuas, entre sombras, entre luces, entre ahorcados, has vivido durante años como un resucitado, como un redivivo, como un mesías. Has vivido entre el calor y el protector solar, entre la fiebre y la hipotermia, entre el cielo y la tierra, entre lo elevado y lo profundo, entre la apariencia y la realidad; durante años, has sido decadencia. Puro espejo de decadencia vuelto hacia todo, incluido tú. Tu trabajo ha sido oxidar. Tu trabajo ha sido derrotar. Tu trabajo ha sido derribar. Tu trabajo ha sido derruir, destrozar, eliminar, acabar, deteriorar. Esta ha sido tu vida.
Y, finalmente, has caído en tus propias garras. Porque un buen emperador no puede quedarse sin destruirse a sí mismo, piensas. Porque un buen emperador debe oxidarlo todo y no dejar nada en pie, piensas. Porque un buen emperador no puede escapar de sus propias trampas, piensas.
Eres como Nerón. Eres como Calígula. Eres como Giles de Rais. Eres destrucción. Eres ácido. Eres apocalipsis. Eres el fin del Edén. Eres la destrucción de la tierra prometida. Eres un abismo. Eres la fiebre. Eres el calor.
Eres la iconoclastia. Eres la destrucción de ídolos. Eres el escepticismo. Eres el óxido. Eres el deterioro. Tu vida ha sido una trampa. Tu vida ha sido una eliminación. Tu vida ha sido una decadencia. Tu vida ha sido una fila de ahorcados. Tu vida ha sido una manada de buitres. Tu vida ha sido el óxido que se va posando en tus estatuas.
Tu vida ha sido el grito de triunfo de la muerte.
Y, sin nada nuevo que hacer, sin nada que destruir, sin nada que deteriorar, sin nada que oxidar, sin nada que eliminar, sin nada que atrapar, sin nada que arañar, sin nada que desgarrar, sin nada que ahorcar, recuerdas.
Recuerda.
Como todos los días de tu vida, es un día de verano.
Como todos los días de verano, el calor es absurdo. Ilógico. Exagerado. Insoportable.
Como todos los días de calor, tienes fiebre y quieres chillar de felicidad.
Como todos los días de fiebre, todo está en movimiento y todo huele a sudor y todo gira y todo avanza y todo retrocede y las calles huelen a vómito y los salones huelen a sudor y las camas huelen a semen y los baños huelen a enfermedad y las cloacas huelen a peste.
Estás sentado en tu trono, leyendo Normance. Hay algo en Céline que te da hambre. Hay algo en Céline que te da sed. Hay algo en Céline que te hace sudar. Hay algo en Céline que te hace desear comerte a tus guardias y que la indigestión dure meses.
Hay algo en Céline que te hace enamorarte del ahorcado.
Las cinco víctimas están desnudas. A veces levantas la mirada y las miras. Un niño, una niña, un hombre y dos mujeres. Todos desnudos. El hombre pateó y se llenó de su propia saliva. La niña chilló y escupió trozos de su lengua. La primera mujer intentó escapar y ya no tenía piernas. La segunda había estado rezando a gritos hasta que sus palabras se convirtieron en chillidos.
El niño había sido lo más delicioso. Oh, el niño. Se te humedecen los ojos de emoción. El niño. La mirada que te echó mientras mandabas ahorcarle. Su cara de confianza. Su cara de inocencia. Sus ojos grandes y saltones. Su aire de personaje de Disney. Su sonrisa cuando le acariciaste la barbilla. Tan asustado. Tan inocente. Tan incrédulo. Por eso te encantaba matar niños. De vez en cuando, llegaba alguno cuya expresión de inocencia lograba provocar que te sintieras muerto. Algo que te hacía escapar del calor y entrar al frío. Algo que te hacía escapar del vértigo y llegar a la caída. Una expresión
Si ahora te movieras, nada más se movería. Y si nada más se mueve, no te moverías. El movimiento inmóvil es delicioso, es trágico, es elevado, es metafísico, es dinámico, es cinético, es religioso, es ritual, es romántico, pero ahora lo que necesitas es utilidad. Y en el movimiento inmóvil no hay utilidad.
Pero sabías en qué te estabas metiendo. Lo que estás sufriendo no es más que el destino de todo emperador. Tu propia decadencia vuelta hacia ti. Tu propia soledad vuelta hacia ti. Tu propia muerte vuelta hacia ti. Has vivido durante años entre cúpulas, entre estatuas, entre sombras, entre luces, entre ahorcados, has vivido durante años como un resucitado, como un redivivo, como un mesías. Has vivido entre el calor y el protector solar, entre la fiebre y la hipotermia, entre el cielo y la tierra, entre lo elevado y lo profundo, entre la apariencia y la realidad; durante años, has sido decadencia. Puro espejo de decadencia vuelto hacia todo, incluido tú. Tu trabajo ha sido oxidar. Tu trabajo ha sido derrotar. Tu trabajo ha sido derribar. Tu trabajo ha sido derruir, destrozar, eliminar, acabar, deteriorar. Esta ha sido tu vida.
Y, finalmente, has caído en tus propias garras. Porque un buen emperador no puede quedarse sin destruirse a sí mismo, piensas. Porque un buen emperador debe oxidarlo todo y no dejar nada en pie, piensas. Porque un buen emperador no puede escapar de sus propias trampas, piensas.
Eres como Nerón. Eres como Calígula. Eres como Giles de Rais. Eres destrucción. Eres ácido. Eres apocalipsis. Eres el fin del Edén. Eres la destrucción de la tierra prometida. Eres un abismo. Eres la fiebre. Eres el calor.
Eres la iconoclastia. Eres la destrucción de ídolos. Eres el escepticismo. Eres el óxido. Eres el deterioro. Tu vida ha sido una trampa. Tu vida ha sido una eliminación. Tu vida ha sido una decadencia. Tu vida ha sido una fila de ahorcados. Tu vida ha sido una manada de buitres. Tu vida ha sido el óxido que se va posando en tus estatuas.
Tu vida ha sido el grito de triunfo de la muerte.
Y, sin nada nuevo que hacer, sin nada que destruir, sin nada que deteriorar, sin nada que oxidar, sin nada que eliminar, sin nada que atrapar, sin nada que arañar, sin nada que desgarrar, sin nada que ahorcar, recuerdas.
Recuerda.
Como todos los días de tu vida, es un día de verano.
Como todos los días de verano, el calor es absurdo. Ilógico. Exagerado. Insoportable.
Como todos los días de calor, tienes fiebre y quieres chillar de felicidad.
Como todos los días de fiebre, todo está en movimiento y todo huele a sudor y todo gira y todo avanza y todo retrocede y las calles huelen a vómito y los salones huelen a sudor y las camas huelen a semen y los baños huelen a enfermedad y las cloacas huelen a peste.
Estás sentado en tu trono, leyendo Normance. Hay algo en Céline que te da hambre. Hay algo en Céline que te da sed. Hay algo en Céline que te hace sudar. Hay algo en Céline que te hace desear comerte a tus guardias y que la indigestión dure meses.
Hay algo en Céline que te hace enamorarte del ahorcado.
Las cinco víctimas están desnudas. A veces levantas la mirada y las miras. Un niño, una niña, un hombre y dos mujeres. Todos desnudos. El hombre pateó y se llenó de su propia saliva. La niña chilló y escupió trozos de su lengua. La primera mujer intentó escapar y ya no tenía piernas. La segunda había estado rezando a gritos hasta que sus palabras se convirtieron en chillidos.
El niño había sido lo más delicioso. Oh, el niño. Se te humedecen los ojos de emoción. El niño. La mirada que te echó mientras mandabas ahorcarle. Su cara de confianza. Su cara de inocencia. Sus ojos grandes y saltones. Su aire de personaje de Disney. Su sonrisa cuando le acariciaste la barbilla. Tan asustado. Tan inocente. Tan incrédulo. Por eso te encantaba matar niños. De vez en cuando, llegaba alguno cuya expresión de inocencia lograba provocar que te sintieras muerto. Algo que te hacía escapar del calor y entrar al frío. Algo que te hacía escapar del vértigo y llegar a la caída. Una expresión
Callejuela. David Bowie.
"Ashes to ashes, funk to funky
We know Major Tom's a junkie
Strung out in heaven's high
Hitting an all-time low"
- Ashes to ashes, de David Bowie.
Caminas. ¿Caminas? Caminas.
Estás en, te rodea una callejuela del centro de la ciudad. Una calle pequeña, secundaria, sinuosa, de esas que, si tienen la suerte de aparecer, sólo aparecen en los mapas como una línea fina, ajena, sin ningún rótulo que indique su nombre. De hecho, la calle nisiquiera tiene carteles que indiquen su nombre.
Estás un tanto inquieto, pero no demasiado. Desde luego, no tanto como esperabas. La calle tiene algo que tranquiliza. Y horroriza, pero sobre todo tranquiliza. Claro que quizás el horror provenga justamente de esa tranquilidad. Si pensaras un poco más, quizás se te ocuyera algún absurdo aforismo, como que es la "suprema y beatificadora y vertiginosa tranquilidad de lo que no existe". Y entonces vomitarías un par de medias verdades recicladas sobre el suicidio y la perfección de la ruina. Tus tripas se vaciarían, y el éxtasis, y el ojo medio cerrado, y la mirada afilada, y esa imagen que tanto te obsesiona de ti mismo fumando (tú, que nunca has probado ni probarás un gramo de nicotina), y esa especie de vibración o electricidad o reanimación o vida que durarían varias horas o varios días o varias semanas hasta que finalmente volvieras a sentir la necesidad de vomitar y volvieras a triturar y retorcer y hacer tuyo y de tu (aún sucia por la última fiebre) boca saliera otra aforística pedante estúpida decapitada verdad, y así una y otra vez, una y otra vez, y lo necesitarías como el adicto necesita su jeringa, y lo odiarías como el adicto odia aquello que lo define. Porque odias las definiciones, porque odias las palabras, porque odias los pensamientos; y siempre has sido así, pero eres cobarde y eres débil y te abandonas y te dejas atrapar por ese placer y por esa electricidad y por esa náusea y por ese vaciado hasta que no queda nada o casi nada y finalmente, vacío o medio-vacío, ya listo para comenzar a llenarte de nuevo, al fin puedes sentirte muerto (O, más adecuadamente, vivo).
Pero no tienes interlocutor y nisiquiera tienes ganas de pensar. Últimamente nunca tienes ganas de pensar. Una lástima, un horror, una bendición, pensaríás si aún pensaras. En el fondo te alegrarías. Pero no piensas, así que no te alegras. Y no pensarás, así que no te alegrarás.
Te sientas en el escalón ante el portal ocho de la calle que no existe y esperas.
Corres por la ciudad. Vuelas, quizás. De ti no se ve más que una sombra, un reflejo, una forma en las nubes, una mano en un cuadro.
¿Quién eres? Si te lo preguntaran, no sabrías responder. Nisiquiera podrías. Y de todas formas nunca nadie lo preguntaría.
Eres el rabillo del ojo. Eres el escalofrío. Eres el ultrasonido. Eres aquello que no es pero que se extiende por todo lo que es. Eres pureza. Eres felicidad. Eres delirio. Eres como un rayo de luz blanca que atraviesa un cristal y explota en todas direcciones. Sólo que el cristal no existe. Y el rayo no existe.
Y tú, tú eres lo que menos existe.
Eres David Bowie.
No estás totalmente seguro de cómo has acabado aquí, pero en general nunca estás muy seguro de cómo acabas en ningún sitio.
La verdad es que tampoco estás muy seguro de quién eres. Y, ¿cómo conocer el espacio que nos rodea si no conocemos el espacio que ocupamos? No es la primera vez que pasa algo así; a estas alturas no es que te importe demasiado. Sí, las primeras veces te pilló por sorpresa, pero luego fuiste Ziggy y ya te dio todo igual. Simplemente asumes que hay algo en el espacio que no entiendes, aunque en ocasiones piensas que quizás sea el espacio no te entiende a ti. Quizás el problema sea que, al haber cambiado de identidad tantas veces, has dejado un poco confuso al mundo, y éste ya no tenga muy claro dónde ponerte. "Si Dios existe, que vaya de una vez al oculista", piensas. Y seguramente haya que darte la razón.
Sin nada mejor que hacer, caminas. Si te fijaras un poco más en lo que te rodea, te darías cuenta de que no existe. Te darías cuenta de que estás en una calle pequeña, sinuosa, retorcida, una reliquia del escenario urbano medieval. Y de que la calle no tiene nombre. Y de que no estás sólo entre lo que no es.
—Buenas noches.
—Oh...Oh. Oh. Buenas noches.
Bowie esbozó una contenida sonrisa. Su acompañante, al que decidió llamar Ozzy, esbozó una sonrisa tímida pero cristalina.
—No me he podido evitar fijar en usted. ¿Cómo ha hecho para materializarse? ¿Se ha teletransportado? Si se ha teletransportado, ¿significa eso que se ha disgregado y ahora está muerto?
—Bueno, bueno — La sonrisa de Bowie se ensanchó —, te diría que no estoy muerto, pero mentiría. Aunque no me siento muy muerto, la verdad, sólo un poco aniquilado. Ya son demasiadas veces, me estoy haciendo viejo o quizás lleve demasiado tiempo muerto, y el mundo está tan miope como siempre. Ya lo verás, en cuanto te pierdes de vista el mundo te pierde de vista y entonces todo se vuelve mucho más confuso. Pero también mucho más claro. O simplemente verdadero. La realidad es confusa, supongo. Pero cenizas a las cenizas. ¿Quién eres tú, mi querido Ozzy? ¿Cómo has acabado aquí?
Ozzy cerró los ojos (Algo que Bowie lamentó, pues hacía años que no veía a otro heterocromo), pareció pensárselo un poco, se rindió y simplemente dijo:
—No lo sé. Supongo que estoy aquí porque tú estás aquí, porque hasta ahora no me acordaba de que me llamaba Ozzy. ¿Me llamo Ozzy?
—Por supuesto que te llamas Ozzy, Ozzy. Y yo me llamo David. Y Ziggy, preo prefiero David. Lo que tú y el mundo prefiráis, de todas formas.
Bowie se sentó junto a Ozzy. Hacía frío. Si hubiera viento, seguramente los envolvería como una mortaja. Pero ésto no es Dinamarca, y no puede haber viento fuera de Dinamarca.
De hecho, no se puede decir que corras ni que vueles ni que camines ni que trotes ni que cabalgues ni que nades. Simplemente avanzas. De alguna forma, avanzas. Estas en un sitio, y ahora estás en otro. O estás en un sitio y ahora estás en otros dos. O estás en un sitio y ahora estás en todos los sitios que no son ese sitio. Sea como sea, avanzas. Te derramas. En realidad, nunca has encontrado ningún cristal; eres un haz de luz blanca que avanza en una dirección o en dos direcciones o en todas direcciones.
Pero no existes. Así que no puedes ser de ningún color. Por eso eres de color blanco. No existes, así que no puedes ser de un color que no sea el blanco.
Te derramas. Hace frío.
Bowie y Ozzy se sientan y hablan. Hablan de muchas cosas. Hablan de los viejos y los nuevos tiempos (aunque ninguno tiene muy claro qué significan esas palabras). Hablan de su infancia. Hablan de sus vidas. Hablan de sus amores. Hablan de política. Hablan de filosofía. Hablan de literatura. Hablan de cine. Hablan de moda. Hablan de móviles. Hablan de bolsas. Hablan de música. Hablan de psicología. Hablan de estética. Hablan de hablar. Hablan y hablan y hablan y hablan hasta que ellos mismos se convierten en lo que sale de sus bocas. Hablan y hablan y hablan tanto que no se pueden distinguir de sus palabras y sus palabras no se pueden distinguir de las del otro y se mezclan y las palabras de Bowie suenan con la voz de Ozzy y las palabras de Ozzy suenan con la voz de Bowie. Hablan y las palabras sienten el frío y se encogen y se acurrucan y suenan extrañas, escondidas, reducidas, como si formaran una cúpula cada vez más y más y más y más pequeña en torno a los dos (al único) hablantes (hablante).
Las palabras se van tornando indecisas. Hace demasiado frío. La cúpula es demasiado pequeña.
¿Cómo definirte? Quizás la forma más adecuada fuera utilizando una de esas palabras que sirven para todo y que de hecho se usan para todo, "fuerza".
Pero eres una fuerza atípica. Porque eres una fuerza que no existe. Eres, de hecho, una fuerza que extrae su carácter de fuerza del hecho de no existir. Eres una ausencia. Eres una ausencia que se hace presencia. Eres algo que está ahí precisamente por no estar ahí. Eres algo que sólo puede suceder si no estás. Si no eres. Eres una ausencia, una ausencia móvil que se muestra en todas las presencias. Una ausencia presente. Una falta que existe no como tal, sino como falta. Un no-estar que está. Un no que se hace sí en cuanto que es no. Un cero que se hace uno por el mismo hecho de ser cero.
Hace frío. Avanzas. Quizás lo ocupes ya todo. Quizás no ocupes ya nada. Quizás nunca hayas ocupado nada.
Bowie fue el primero en captarla. Uno no trabaja en la música tantos años sin desarrollar un instinto especial para esas cosas.
En ese momento, las palabras ya no salían. Hacía demasiado frío, y la cúpula era tan pequeña que ya apenas se veía la calle. Bowie volvía ser Bowie y Ozzy volvía ser Ozzy, aunque quedaba la sensación de que algunas cosas habían quedado mezcladas.
Por supuesto, Bowie no se movió. Bowie no confiaba en el espacio. Podía correr durante varias horas y sin embargo seguir exactamente en el mismo sitio. O dar un paso y encontrase de repente a cientos de miles de kilómetros de distancia, en las selvas de Sumatra o sobre la muralla china o en un satélite girando en torno a la Tierra. Bowie se había dado cuenta de que cuando algo importaba lo mejor era no moverse, y el espacio haría lo que le diera la gana.
Ozzy no se dio cuenta. Si de algo se había dado cuenta Bowie es de que su compañero estaba vacío. Sí, al contrario que todo lo que lo rodeaba, existía; pero era un conjunto vacío, un todo sin absolutamente ningún componente, un todo cuya característica esencial era precisamente no tener ningún componente. Posiblemente su único componente fuera el nombre que Bowie le había dado, Ozzy. Y los resultados de la especie de fusión producida durante la conversación.
Bowie sonrió. Hacía frío, pero le daba igual.
We know Major Tom's a junkie
Strung out in heaven's high
Hitting an all-time low"
- Ashes to ashes, de David Bowie.
Caminas. ¿Caminas? Caminas.
Estás en, te rodea una callejuela del centro de la ciudad. Una calle pequeña, secundaria, sinuosa, de esas que, si tienen la suerte de aparecer, sólo aparecen en los mapas como una línea fina, ajena, sin ningún rótulo que indique su nombre. De hecho, la calle nisiquiera tiene carteles que indiquen su nombre.
Estás un tanto inquieto, pero no demasiado. Desde luego, no tanto como esperabas. La calle tiene algo que tranquiliza. Y horroriza, pero sobre todo tranquiliza. Claro que quizás el horror provenga justamente de esa tranquilidad. Si pensaras un poco más, quizás se te ocuyera algún absurdo aforismo, como que es la "suprema y beatificadora y vertiginosa tranquilidad de lo que no existe". Y entonces vomitarías un par de medias verdades recicladas sobre el suicidio y la perfección de la ruina. Tus tripas se vaciarían, y el éxtasis, y el ojo medio cerrado, y la mirada afilada, y esa imagen que tanto te obsesiona de ti mismo fumando (tú, que nunca has probado ni probarás un gramo de nicotina), y esa especie de vibración o electricidad o reanimación o vida que durarían varias horas o varios días o varias semanas hasta que finalmente volvieras a sentir la necesidad de vomitar y volvieras a triturar y retorcer y hacer tuyo y de tu (aún sucia por la última fiebre) boca saliera otra aforística pedante estúpida decapitada verdad, y así una y otra vez, una y otra vez, y lo necesitarías como el adicto necesita su jeringa, y lo odiarías como el adicto odia aquello que lo define. Porque odias las definiciones, porque odias las palabras, porque odias los pensamientos; y siempre has sido así, pero eres cobarde y eres débil y te abandonas y te dejas atrapar por ese placer y por esa electricidad y por esa náusea y por ese vaciado hasta que no queda nada o casi nada y finalmente, vacío o medio-vacío, ya listo para comenzar a llenarte de nuevo, al fin puedes sentirte muerto (O, más adecuadamente, vivo).
Pero no tienes interlocutor y nisiquiera tienes ganas de pensar. Últimamente nunca tienes ganas de pensar. Una lástima, un horror, una bendición, pensaríás si aún pensaras. En el fondo te alegrarías. Pero no piensas, así que no te alegras. Y no pensarás, así que no te alegrarás.
Te sientas en el escalón ante el portal ocho de la calle que no existe y esperas.
Corres por la ciudad. Vuelas, quizás. De ti no se ve más que una sombra, un reflejo, una forma en las nubes, una mano en un cuadro.
¿Quién eres? Si te lo preguntaran, no sabrías responder. Nisiquiera podrías. Y de todas formas nunca nadie lo preguntaría.
Eres el rabillo del ojo. Eres el escalofrío. Eres el ultrasonido. Eres aquello que no es pero que se extiende por todo lo que es. Eres pureza. Eres felicidad. Eres delirio. Eres como un rayo de luz blanca que atraviesa un cristal y explota en todas direcciones. Sólo que el cristal no existe. Y el rayo no existe.
Y tú, tú eres lo que menos existe.
Eres David Bowie.
No estás totalmente seguro de cómo has acabado aquí, pero en general nunca estás muy seguro de cómo acabas en ningún sitio.
La verdad es que tampoco estás muy seguro de quién eres. Y, ¿cómo conocer el espacio que nos rodea si no conocemos el espacio que ocupamos? No es la primera vez que pasa algo así; a estas alturas no es que te importe demasiado. Sí, las primeras veces te pilló por sorpresa, pero luego fuiste Ziggy y ya te dio todo igual. Simplemente asumes que hay algo en el espacio que no entiendes, aunque en ocasiones piensas que quizás sea el espacio no te entiende a ti. Quizás el problema sea que, al haber cambiado de identidad tantas veces, has dejado un poco confuso al mundo, y éste ya no tenga muy claro dónde ponerte. "Si Dios existe, que vaya de una vez al oculista", piensas. Y seguramente haya que darte la razón.
Sin nada mejor que hacer, caminas. Si te fijaras un poco más en lo que te rodea, te darías cuenta de que no existe. Te darías cuenta de que estás en una calle pequeña, sinuosa, retorcida, una reliquia del escenario urbano medieval. Y de que la calle no tiene nombre. Y de que no estás sólo entre lo que no es.
—Buenas noches.
—Oh...Oh. Oh. Buenas noches.
Bowie esbozó una contenida sonrisa. Su acompañante, al que decidió llamar Ozzy, esbozó una sonrisa tímida pero cristalina.
—No me he podido evitar fijar en usted. ¿Cómo ha hecho para materializarse? ¿Se ha teletransportado? Si se ha teletransportado, ¿significa eso que se ha disgregado y ahora está muerto?
—Bueno, bueno — La sonrisa de Bowie se ensanchó —, te diría que no estoy muerto, pero mentiría. Aunque no me siento muy muerto, la verdad, sólo un poco aniquilado. Ya son demasiadas veces, me estoy haciendo viejo o quizás lleve demasiado tiempo muerto, y el mundo está tan miope como siempre. Ya lo verás, en cuanto te pierdes de vista el mundo te pierde de vista y entonces todo se vuelve mucho más confuso. Pero también mucho más claro. O simplemente verdadero. La realidad es confusa, supongo. Pero cenizas a las cenizas. ¿Quién eres tú, mi querido Ozzy? ¿Cómo has acabado aquí?
Ozzy cerró los ojos (Algo que Bowie lamentó, pues hacía años que no veía a otro heterocromo), pareció pensárselo un poco, se rindió y simplemente dijo:
—No lo sé. Supongo que estoy aquí porque tú estás aquí, porque hasta ahora no me acordaba de que me llamaba Ozzy. ¿Me llamo Ozzy?
—Por supuesto que te llamas Ozzy, Ozzy. Y yo me llamo David. Y Ziggy, preo prefiero David. Lo que tú y el mundo prefiráis, de todas formas.
Bowie se sentó junto a Ozzy. Hacía frío. Si hubiera viento, seguramente los envolvería como una mortaja. Pero ésto no es Dinamarca, y no puede haber viento fuera de Dinamarca.
De hecho, no se puede decir que corras ni que vueles ni que camines ni que trotes ni que cabalgues ni que nades. Simplemente avanzas. De alguna forma, avanzas. Estas en un sitio, y ahora estás en otro. O estás en un sitio y ahora estás en otros dos. O estás en un sitio y ahora estás en todos los sitios que no son ese sitio. Sea como sea, avanzas. Te derramas. En realidad, nunca has encontrado ningún cristal; eres un haz de luz blanca que avanza en una dirección o en dos direcciones o en todas direcciones.
Pero no existes. Así que no puedes ser de ningún color. Por eso eres de color blanco. No existes, así que no puedes ser de un color que no sea el blanco.
Te derramas. Hace frío.
Bowie y Ozzy se sientan y hablan. Hablan de muchas cosas. Hablan de los viejos y los nuevos tiempos (aunque ninguno tiene muy claro qué significan esas palabras). Hablan de su infancia. Hablan de sus vidas. Hablan de sus amores. Hablan de política. Hablan de filosofía. Hablan de literatura. Hablan de cine. Hablan de moda. Hablan de móviles. Hablan de bolsas. Hablan de música. Hablan de psicología. Hablan de estética. Hablan de hablar. Hablan y hablan y hablan y hablan hasta que ellos mismos se convierten en lo que sale de sus bocas. Hablan y hablan y hablan tanto que no se pueden distinguir de sus palabras y sus palabras no se pueden distinguir de las del otro y se mezclan y las palabras de Bowie suenan con la voz de Ozzy y las palabras de Ozzy suenan con la voz de Bowie. Hablan y las palabras sienten el frío y se encogen y se acurrucan y suenan extrañas, escondidas, reducidas, como si formaran una cúpula cada vez más y más y más y más pequeña en torno a los dos (al único) hablantes (hablante).
Las palabras se van tornando indecisas. Hace demasiado frío. La cúpula es demasiado pequeña.
¿Cómo definirte? Quizás la forma más adecuada fuera utilizando una de esas palabras que sirven para todo y que de hecho se usan para todo, "fuerza".
Pero eres una fuerza atípica. Porque eres una fuerza que no existe. Eres, de hecho, una fuerza que extrae su carácter de fuerza del hecho de no existir. Eres una ausencia. Eres una ausencia que se hace presencia. Eres algo que está ahí precisamente por no estar ahí. Eres algo que sólo puede suceder si no estás. Si no eres. Eres una ausencia, una ausencia móvil que se muestra en todas las presencias. Una ausencia presente. Una falta que existe no como tal, sino como falta. Un no-estar que está. Un no que se hace sí en cuanto que es no. Un cero que se hace uno por el mismo hecho de ser cero.
Hace frío. Avanzas. Quizás lo ocupes ya todo. Quizás no ocupes ya nada. Quizás nunca hayas ocupado nada.
Bowie fue el primero en captarla. Uno no trabaja en la música tantos años sin desarrollar un instinto especial para esas cosas.
En ese momento, las palabras ya no salían. Hacía demasiado frío, y la cúpula era tan pequeña que ya apenas se veía la calle. Bowie volvía ser Bowie y Ozzy volvía ser Ozzy, aunque quedaba la sensación de que algunas cosas habían quedado mezcladas.
Por supuesto, Bowie no se movió. Bowie no confiaba en el espacio. Podía correr durante varias horas y sin embargo seguir exactamente en el mismo sitio. O dar un paso y encontrase de repente a cientos de miles de kilómetros de distancia, en las selvas de Sumatra o sobre la muralla china o en un satélite girando en torno a la Tierra. Bowie se había dado cuenta de que cuando algo importaba lo mejor era no moverse, y el espacio haría lo que le diera la gana.
Ozzy no se dio cuenta. Si de algo se había dado cuenta Bowie es de que su compañero estaba vacío. Sí, al contrario que todo lo que lo rodeaba, existía; pero era un conjunto vacío, un todo sin absolutamente ningún componente, un todo cuya característica esencial era precisamente no tener ningún componente. Posiblemente su único componente fuera el nombre que Bowie le había dado, Ozzy. Y los resultados de la especie de fusión producida durante la conversación.
Bowie sonrió. Hacía frío, pero le daba igual.
domingo, 9 de junio de 2013
roberto
"Outside it is blue and green
And everything once blurred is clear
I am part of the peripheral scene
That shines like cathedral glass"
And everything once blurred is clear
I am part of the peripheral scene
That shines like cathedral glass"
- Echolyn, Mei
"The
only girl I've ever loved
Was born with roses in her eyes
But then they buried her alive
One evening 1945
With just her sister at her side
And only weeks before the guns
All came and rained on everyone
Now she's a little boy in Spain
Playing pianos filled with flames
On empty rings around the sun
All sing to say my dream has come
But now we must pack up every piece
Of the life we used to love
Just to keep ourselves
At least enough to carry on
And now we ride the circus wheel
With your dark brother wrapped in white
Says it was good to be alive
But now he rides a comet's flame
And won't be coming back again
The Earth looks better from a star
That's right above from where you are
He didn't mean to make you cry
With sparks that ring and bullets fly
On empty rings around your heart
The world just screams and falls apart "
Was born with roses in her eyes
But then they buried her alive
One evening 1945
With just her sister at her side
And only weeks before the guns
All came and rained on everyone
Now she's a little boy in Spain
Playing pianos filled with flames
On empty rings around the sun
All sing to say my dream has come
But now we must pack up every piece
Of the life we used to love
Just to keep ourselves
At least enough to carry on
And now we ride the circus wheel
With your dark brother wrapped in white
Says it was good to be alive
But now he rides a comet's flame
And won't be coming back again
The Earth looks better from a star
That's right above from where you are
He didn't mean to make you cry
With sparks that ring and bullets fly
On empty rings around your heart
The world just screams and falls apart "
Indentions in the sheets.
Where their bodies once moved but don't move
anymore.
- Neutral Milk Hotel,
Holland 1945
Es la sensación
extraña, un poco demente, de amar un espacio vacío. No tanto un
amor incausado como un amor hacia un espacio claro, delimitado, pero
totalmente vacío. No hay nada en ese espacio, pero se ama el
espacio. Toda la sensación de amor está presente the
Earth looks better from a star that's right above from where you are
pero sin estar
dirigida, o estando dirigida a un lugar en el que no hay nada, algo
así como una circunferencia sin centro o un círculo en el que todo
es centro y nada es periferia.
Más o
menos así intentaba explicarse sus sentimientos Roberto, con
ocasionales interferencias de su canción favorita de su grupo
favorito.
Roberto
nunca había sido muy aplicado en los artes de Eros. Eros había
estado, pero de lado. Eros había sido como una presencia incómoda,
como un invitado al que el anfitrión evita saludar hasta el último
momento. Roberto lo había saludado, incómodo, con la sonrisa tensa,
le había dado dos besos y había intentado no volver a mirarlo, sus
dedos tensos alrededor de su copa.
Así
había acabado, suspiró (No era un suspiro sincero, realmente. Nunca
le había importado mucho lo que pasó. De hecho, siempre le había
dado bastante igual. Desde que empezaron tenía claro que iba a
acabar así. Indentions in their sheets, where their once
bodies moved but don't move anymore.
Había llegado, y se había ido, más o menos como predijo. Todo
dentro de las formas. Ella había llorado, y ahora le odiaba, pero
era un odio normal, nostálgico, casi relajante. Sí, a Roberto le
relajaba saber que ella le odiaba. Era una situación cómoda y
normal. No había que dar explicaciones. Ella estaba "en su
contra", con lo que todo se volvía mucho más blandurriento y
cómodo. Le había tirado el champán a la cara a su (¿presuntuoso?
¿tenía sentido usar ese adjetivo?) invitado). Toda la historia fue
absurda e incómoda mientras duró, pero muy tranquila al acabar.
Bueno, no había acabado del todo, "su ex-mujer está loca",
pero había acabado, de una forma u otra. Y ahora Roberto miraba con
algo más de complacencia a Eros. Aunque su mirada seguía siendo
extraña. Roberto siempre había sido extraño, o se había
convencido tanto de que era extraño que había acabado creyéndoselo
hasta el punto de serlo. (A veces, sólo a veces, Roberto
sentía un frío de origen desconocido, un pequeño escalofrío que
le hacía volverse y mirar a su espalda con las pupilas dilatadas,
con la frente perlada de sudor, con la lengua atrapada entre sus
dientes. A veces, sólo a veces, Roberto se veía a sí mismo,
sonriéndose, a su espalda. Entonces no podía evitar gritar, y se
veía obligado a controlarse y comenzar el ritual.
El ritual consistía en mirar al
suelo quince veces seguidas con los ojos fijos ambos exactamente en
el mismo punto parpadeando con ambos a exactamente el mismo tiempo
mientras su mano derecha tocaba a la izquierda y la izquierda tocaba
a la derecha con un movimiento suave y deslizante y necesariamente
simétrico y si tenía éxito Roberto se iba y si no tenía éxito
tenía que agacharse y echarse a dormir)
Quizás
la música que me acompaña sólo me permita ser de una forma, pensó,
distraído. Quizás la música, la literatura y el cine sólo me
permitan ser de una forma. Quizás por eso sea imposible eros. No se
llevaba bien con él. Excepto ahora. Ahora se llevaba bien con él.
Pero ahora era un momento. Luego no se llevaría bien con él. Lo
sabía. Ahora que eros estaba en forma de concepto Roberto amaba a
eros. Roberto amaba el espacio vacío que era Eros y el tú. Roberto
amaba el tú. Roberto estaba perdidamente enamorado del tú. The
only girl I ever loved/was born with roses in her eyes/but then they
buried her alive. El tú, las
pupilas. Las pupilas dilatadas. El tú, las pupilas. El ramillete. El
tú, las pupilas, el ramillete. El tú, las pupilas. Roberto estaba
enamorado, y estaba satisfecho, y Roberto se levantó y dio dos
vueltas sobre sí mismo y se mareó y se sentó en la cama con una
sonrisita de idiota ante todas las rosas que se le ofrecían cómo
me voy a reír cuando vean que no hago más que devorarlas que sus
ramilletes entran por mi esófago que sus espinas arañan mi estómago
roberto, roberto el enamorado,
roberto agrandado, roberto preñado de eros, roberto explosivo,
roberto extasiado, roberto mirando el techo y sudando, roberto
cansado, roberto somnoliento, delirante, acalorado, roberto y su
sonrisa de inmensa y estúpida felicidad mirando las pupilas
dilatadas las pupilas dilatadas cubiertas de rosas roberto la
estrella fija roberto alzándose roberto la estatua de david roberto
feliz, feliz, feliz, roberto tocando todas las teclas de la felicidad
y roberto riéndose y amando las pupilas el tú las pupilas las
pupilas dilatadas con sangre de yogur griego con leche de oveja
anciana con espinas de cuervo dionisíaco roberto besándose
porque se siente incapaz de besarlo todo roberto besando el aire que
pasa entre sus dientes al silbar roberto riéndose de las hojas que
los árboles dejan caer al son del viento
las pupilas dilatadas el vientre hinchado los ramilletes de flores el
tú perdido y escarpado roberto el amante perfecto roberto hijo y
padre de las estrellas roberto creador del cosmos roberto y los
gritos de un millón de hombres y mujeres demasiado amados como para
poder soportar las pupilas dilatadas y la inmensa y estúpida
felicidad
i'd rather see their faces filled
with flies than put roses in their eyes ¿das,
o recibes? el humo de los locales imposibles de los dueños
imaginados por el delirio de un confuso adolescente enfebrecido el
humo inhalado el humo que entra y desborda te
odio, pero también te amo, sabes, quiero darte y recibirte el
púrpura de un sillón creado en las últimas fiebres del marqués de
sade las pupilas dilatadas de un bataille imposible y ninfómano las
pupilas dilatadas de un burroughs amante y cariñoso un gigantesco
homenaje a guillermo tell las
pupilas dilatadas de una gigantesca flor de loto las pupilas
dilatadas de los ojos de un yonkie imposible y ninfómano las
pupilas dilatadas de roberto al entrar en los locales imposibles en
los sillones imposibles las pupilas dilatadas por el dulce aroma de
lo suave de lo ligero del satín roberto
riéndose roberto roberto roberto imparable roberto arrastrado
roberto perdido y chillando roberto gritando de dolor roberto
masajeado por una horda de víboras tailandesas roberto hundido
ahogado perdido desaparecido en la cremosa sustancia del yogur griego
amante amado ganador perdido the
world just screams and falls apart
jueves, 6 de junio de 2013
Laia
"Y su ex-mujer está loca. Y yo no
estoy loca. Y él no está loco. ¿Entiendes? Hay una especie de
dialéctica loco-no loco. Ella es la parte perjudicial, nosotros la
perjudicada. ¿Entiendes? Su ex-mujer está loca."
Laia hablaba y hablaba, prestando poca
atención a sus palabras, que de todas formas se perdían entre las
paredes que formaban las hordas de turistas que a esas alturas del
año invadían Barcelona.
Laia sólo se había permitido bajar la
guardia porque sabía que sus palabras no eran más que piedras
arrojadas a la cima de un vertedero. Su amiga la escuchaba, pero no
la escuchaba; sus ojos estaban fijos en ella, pero se perdían, se
dilataban, llegando a dimensiones extrañas y desconocidas, llegando
al espacio en que los pies se vuelven yogur griego y las manos se
convierten en sables de pirata victoriano. Y a sus ojos la seguían
sus oídos, obedientes, disciplinados, casi militares, alertas al
toque de trompeta de un millar de ejércitos fantasma, perdidos en
las sucias zapaterías cubanas, en las relucientes tiendas
americanas, en los amables locutorios paquistaníes. Su cara era una
máscara que nadie portaba, y se paralizaba.
Laia lo notaba, y por eso bajaba la
guardia. Laia siempre mantenía la guardia alta cuando hablaba con
alguien cuyos oídos se mantenían en las primeras dimensiones, pero
la bajaba lentamente cuando sus palabras se convertían en hojas de
otoño acumuladas sobre un parque americano. Laia observaba a su
alrededor, viéndolo todo sin ver realmente nada. En cierto modo,
Laia se reía. Laia disfrutaba. Laia también disfrutaba cuando tenía
la guardia alta, pero Laia disfrutaba cuando tenía la guardia baja.
Laia no sabría decir cuando disfrutaba más. De todas formas, a
veces le parecía que tener la guardia baja era en realidad tener la
guardia alta. No era fácil escoger esas palabras más o menos
incoherentes, forzadas a rebotar contra cien espejos egipcios
apuntados hacia Laia. Sí, era más difícil tener la guardia baja
que tenerla alta. Pero Laia disfrutaba igualmente. Laia disfrutaba.
Laia siempre había notado que había
algo extraño en su nombre. Algo antiguo, primordial, alguna especie
de fuerza oscura escondida en la fonética de su escaso bisílabo.
Algo extraño, algo oscuro y viscoso, pegado a las paredes de sus
vocales como el musgo milenario de un pinar canadiense. Algo informe,
algo deseoso, algo inmóvil, rojizo, purpúreo, ilimitado, enorme,
más enorme, siempre más enorme. Algo gigantesco que la aplastaba y
la arrastraba como el río arrastra al huracán. Como una apisonadora
lovecraftiana, había decidido, riéndose de sí misma. No es que
Laia confiara en la ironía, pero su desconfianza hacia la ironía le
permitía acceder a un extraño nivel de meta-ironía.
Laia era una persona normal. Tenía un
trabajo normal, relaciones normales, comidas normales, palabras
normales. A veces se sentía bien, a veces mal. Ahora mismo mal,
porque la ex-mujer de su novio estaba loca. Que la ex-mujer de su
novio estuviera loca hacía que Laia se sintiera mal. Pero estaba
bien. Su novio era bueno, y hacía disfrutar a Laia. Laia sonreía
cuando estaba con su novio. Laía sonreía y sentía como si una
calefacción se activara en su estómago. Laia sonreía y no había
rastros de lágrimas en sus ojos. Laia sonreía y sonreía y sonreía
y sonreía y sonreía y sonreía y no paraba de sonreír hasta que
las comisuras de los labios le dolían pero debía seguir sonriendo y
quería seguir sonriendo y sentía que su sonrisa era sincera y de
hecho su sonrisa era sincera porque estaba bien con él y nada le
dolía, nada le dolía, nada, nada, nada, excepto que la ex-mujer de
su novio estuviera loca, eso le dolía, pero nada más, nada, nada, y
su sonrisa brillaba con la fuerza de cien soles introducidos en un
caleidoscopio.
Laia sentía a veces cierta distancia
con las cosas, pero no era una distancia real. Laia no se entendía
muy bien. Laia estaba confusa consigo misma, así que decidió,
arbitrariamente, inventarse que había dos Laias. Una era la Laia
diaria, normal, emocional, sentimental, la que sonreía y lloraba y
gemía de placer y de dolor y de ira y de amor. Otra era la Laia
interior, extraña, oculta, distanciada, de ojos azul oscuro que
observaban todo desde una oscuridad fetal y simplemente se mantenía
presente. Sólo presente. Nada más.
Había otra Laia, por supuesto, pero
Laia no quería pensar en esa Laia. Era la Laia extraña, la Laia de
inframundo, la Laia que estaba ya implícita en su nombre. Una
maldición pesaba sobre su nombre, y lo sabía, y lo aceptaba, y lo
sonreía. Pensándolo bien, no tenía nada de raro. Pensándolo bien,
todos los nombres están malditos. Pensándolo bien, todas esas
duplicidades eran falsas y en realidad ella existía o no existía y
era una acumulación de copias y simulacros de sí misma. Pensándolo
bien, toda máscara es una cara. Pensándolo bien, no hay nada en qué
pensar. Sonríe, Laia, sonríe. Que tu sonrisa explote en los ojos de
los que te rodean. Que tu sonrisa ilumine la oscuridad de los nombres
ajenos. Sonríe, Laia, sonríe. Quieres sonreír, te gusta sonreír,
y estás feliz. Eres feliz, Laia. Es cierto. Eres feliz. No hay nada
que pueda negarlo. Y tu insistencia en decírtelo tampoco. ¡Sonríe,
Laia, sonríe! ¡Sonríe! ¡Sonríe! ¡Nisiquiera necesitas
ordenártelo, Laia! La sonrisa te viene automáticamente, y la risa,
y el llanto, y todo lo adecuado a las circunstancias, ¡y sientes,
Laia, y te mueves, y tus expresiones faciales son cambiantes y
complejas, Laia, y no hay más Laias que tú misma, seas quién seas,
seas lo que seas, y no hay más Laia que aquella que está sonriendo
feliz a su novio desde el desvencijado columpio de un parque
infantil, Laia! ¡Laia, Laia, grita tu nombre, Laia, grítalo para
que todos lo oigan! ¡Yo soy Laia, grita, yo soy Laia, grito, y mi
nombre está maldito, y yo estoy maldita, y nada de todo lo dicho es
verdad! ¡Que los millones de soles de mi sonrisa derritan todos los
helados del universo! ¡Yo soy Laia!
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